martes, 22 de febrero de 2011

LA DOMINACIÓN MASCULINA COMO ETERNIZACIÓN DE LO ARBITRARIO

"El orden de las cosas no es un orden natural contra el que nada puede hacerse, sino que es una construcción de orden mental, simbólica, una visión del mundo con la que el hombre satisface su sed de dominio. Una visión que las propias mujeres, sus victimas, han asumido, aceptando de manera inconsciente su inferioridad aunque eso las conduzca a la infelicidad. A pesar de todas las luchas feministas y de género, las estructuras simbólicas de ese inconsciente androcéntrico sobreviven en los hombres y las mujeres de hoy, y se traducen en múltiples paradojas que las relaciones entre los géneros alimentan. El asunto invita a reconsiderar junto a la unidad doméstica de las parejas, los derechos y el impacto simbólico y la responsabilidad en la dominación de aquellas instancias superiores -la iglesia, la escuela, la familia- en las relaciones y acciones de mujeres y hombres a todo nivel; en definitiva, el poder hipnótico de la dominación, en la que las condiciones de existencia más intolerables aparecen tan a menudo como aceptables, por no decir naturales. Se ve así en la dominación masculina, y en la manera como se ha impuesto y soportado, el mejor ejemplo de aquella sumisión paradójica, consecuencia de lo que aquí se llama violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias victimas: las mujeres; que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento" Don Pedro Bourdieu en La Dominación Masculina; Anagrama, colección Argumentos.

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